Tejido a Telar Mapuche

Telar MapucheAprendizaje del tejido a Telar Mapuche

El aprendizaje del telar mapuche permite descubrir la riquísima combinación estética de dibujos geométricos y colores utilizando un razonamiento lógico perfecto. La forma en que los artesanos mapuches  llevan grabado en su mente el diseño y la velocidad con que sus manos van acomodando las hebras vuelta tras vuelta, no dejan de provocar gran admiración.

La transmisión oral y vivencial de estas técnicas  era posible en pueblos que vivían en una perfecta armonía con la naturaleza. Para todas sus actividades, entre ellas el tejido, debían necesariamente acompañar los ciclos de la vida y las estaciones: así como había un tiempo para realizar la esquila, también debían esperar las distintas épocas en que la naturaleza les brindara los colores para sus tejidos. Estas técnicas se van perdiendo en las nuevas generaciones de descendientes de mapuches. Varios factores han influido en ello: el desprecio con que nuestra sociedad miró siempre al pueblo originario; la subestimación en que se tiene a todas las tareas manuales y por otro lado, la falaz división entre arte y artesanías.

Para que esta cultura trascienda y no se extinga junto con los últimos integrantes de un pueblo admirable, es necesario conocer los instrumentos necesarios para sistematizar esta artesanía  y definir un concepto básico: el tejido el cual consiste en el cruce perpendicular de dos planos de hilos : la `urdimbre` que son los hilos fijos montados a priori sobre el telar, y la `trama` constituida por los hilos que, vuelta a vuelta, se van cruzando sobre los anteriores formando así el tejido o `tela`. La característica especial y particular del tejido mapuche es que los hilos de la urdimbre son los que quedan a la vista en la prenda formando las rayas o motivos de labor, mientras la trama queda oculta.

EL TELAR: ELEMENTOS Y ACCESORIOS   

El telar mapuche es un elemento compuesto por dos largueros verticales perforados cada 6 a 10 cm. sobre los que se sujetan, mediante bulones, dos travesaños. Estos van apoyados sobre los bulones que se encuentran en los agujeros del larguero y se atan firmemente con hilo de algodón, para evitar que se deslicen o salgan durante el tejido.

También se necesitan tres listones de sección redonda, dos de los cuales se atan a los largueros, paralelos a los travesaños y el tercero sostiene los lizos que toman las hebras de atrás de la urdimbre. Para éstos son muy apropiadas las cañas y los palos de escoba.

Por último, tiene un tercer travesaño que se usa para enrollar la pieza a medida que se va tejiendo, y dos listones que se atan paralelos a los largueros y que sirven para mantener tensos los lizos.

Un elemento auxiliar indispensable es el Nereo, que consiste en una madera de 1 a 2 cm. de espesor, y 4 a 6 cm. de ancho, con un borde ancho y liso y el otro bien fino y con las puntas redondeadas, que se usa para golpear y apisonar la trama.

EL TELAR que usan las tejedoras mapuches consiste en dos troncos firmes que apoyan contra un árbol (hoy una pared) y a los que cuelgan con tiras de lana dos travesaños también hechos con troncos, sujetos con una atadura que mantiene la estructura con total firmeza, y no se deslizan a pesar de carecer de muescas o tornillos.

Hoy se recurre a listones cepillados y perforados, en los que se introducen tornillos gruesos o estacas de madera sobre los cuales se apoyan y atan los travesaños. Estas innovaciones abarcan también los distintos procesos del hilado y tejido.

La imposibilidad de realizar un trabajo de campo para salir a buscar hierbas con las cuales teñir las lanas, hace que se recurra a las anilinas. Jamás pretender homologar el valor de una prenda realizada íntegramente con técnicas tradicionales y teñida con las hierbas de la región, con otra cuya lana haya sido hilada en rueca y teñida con colorantes industriales.

EL HILADO   La lana que se emplea con más frecuencia para el telar mapuche es la de oveja, y generalmente de la raza merino, que es la que caracteriza a toda la Patagonia argentina. La mayor cantidad de tejidos se realiza con lana blanca que es, por otra parte, la que permite teñidos con plantas de la región. Pero también se usa mucho la lana de oveja negra, que con sus tonalidades que van del beige claro al marrón casi negro ofrece una gama muy interesante de colores para combinar.

Tradicionalmente, las artesanas mapuches hilaban la lana sucia, sin lavarla. La sacuden para sacarle el exceso de tierra y en ese estado la trabajan. Recién después e hilada la lavan, ya que la lanolina facilita la adherencia de las hebras. Actualmente es preferible darle un suave lavado primero, sumergiéndola en agua bastante tibia (no caliente) con detergente y dejándola unos diez minutos. Es importante no usar jabones fuertes porque la queman y la dejan quebradiza, lo que dificulta seriamente el hilado. Este lavado le quita la mayor parte de la tierra y el exceso de grasa que traen algunos vellones. Luego se enjuaga dos o tres veces y se pone a secar bien extendida. Una vez bien seca la lana, se debe realizar un trabajo de `peinado` que se hace simplemente estirando la lana con las manos, sin que se corte, y si el vellón es de buena calidad, se verá cómo se va formando una tira que se irá enrollando como un ovillo. Cuando más fina sea la tira, más fácil resultará luego pasarla por el huso.

El huso que se utiliza consiste en un palo redondo fino (de 1,5 a 2 cm. de diámetro) hecho con una rama seca o trozo de madera al que se le aplica en la parte inferior una piedra horadada en el medio p una madera bien pesada redonda, que sirve de contrapeso para mantener el huso en equilibrio al hacerlo girar. La madera o la piedra se encastran a presión en el palo y la parte inferior de éste debe terminar en punta para que se deslice con facilidad.

Para hilar se debe sentar en un lugar o banco bajo, de modo de llegar sin dificultad al huso apoyado en el piso, en una posición cómoda. Se toma la punta de la lana, se la estira, se retuerce con la mano y se ata al palo. Luego, manteniendo la tira de lana en posición vertical, se hace girar el huso hasta que se considere que el primer plano de lana ha quedado lo suficientemente retorcido. Entonces se lo enrosca en el palo, se le hace un nudito que lo trabe para que no se desenrosque y se sigue retorciendo el tramo siguiente.

El secreto fundamental consiste en mantener la lana bien derecha para evitar que se enganche con el extremo superior del huso y enrollar la lana siempre en la parte más baja del palo, lo que mantendrá por más tiempo el huso girando sin caerse.

 EL TEÑIDO   Para teñir la lana se debe mojar y sumergir en agua hirviendo, a la que se le habrá disuelto previamente el colorante. Luego de hacerla hervir durante veinte minutos revolviendo de a ratos, se le hecha una cucharadita de piedra alumbre en polvo cada cinco litros de agua, lo que fija el color a la lana. Se la deja enfriar dentro del recipiente y se la enjuaga dos o tres veces, dejándola luego secar a la sombra.

Aunque resulta difícil trabajar con hierbas, piñas, zarzas, corteza de radal, hojas de laurel, cáscara de cebollas, remolachas, etc., brinda una emoción muy particular la tintura de lanas realizada con elementos naturales, y la variedad de colores que se puede lograr es lo suficientemente amplia como para proponernos la experiencia de descubrir la riqueza de los elementos no industrializados.

LA URDIMBRE Consiste en una serie de hilos paralelos que se enrollan alrededor de los travesaños. Lo esencial en el urdido es que los hilos deben intercalarse entre los listones auxiliares, pasando delante del inferior y detrás del superior al subir, y a la inversa al bajar, de modo que le quede formada una cruz entre dichos listones en el cual no haya nunca dos hilos consecutivos en la misma posición. Esta es una ley fija en el telar que debe mantenerse, no importa que variación de color o técnica se emplee. Los hilos quedan así intercalados formando dos grupos que se traen alternadamente hacia delante para pasar los hilos de trama en el espacio que se forma entre ellos.

Para comenzar a urdir, se ata el hilo en el travesaño inferior y se lo sube por delante hacia el extremo opuesto. Al llegar al hueco formado entre los dos listones auxiliares se pasa hacia atrás y se sigue en esa posición hasta dar vuelta alrededor del travesaño superior. Luego, se baja el hilo por delante hasta llegar nuevamente al hueco entre los listones, donde se cruza hacia atrás para seguir en esa posición hasta dar la vuelta al travesaño inferior. Todo este recorrido que se realiza desde que se ata la lana, constituye una vuelta completa de urdimbre y se repite siempre igual.  Al tejer esos dibujos geométricos, se está representando figuras humanas entrelazadas que se utilizan en los tatuajes genealógicos practicados en las ceremonias de la imposición del nombre, donde esas figuras antropomórficas estilizadas y esquematizadas hasta la geometrización, simbolizaban a los antepasados de un individuo y con ellos su linaje.

Se debe también hacer referencia al uso de los colores, los que no se usan caprichosamente, ya que cada uno de ellos está relacionado con hechos felices o desdichados en su profunda relación con la naturaleza. Así, por ejemplo, el amarillo es el color de la desgracia, pues representa la sequedad del desierto patagónico; así como el rojo se refiere a las nubes del viento. El azul, en cambio, representa las nubes del agua, símbolo de vida.

Algo que llama la atención es la presencia de una franja de tejido sin laboreo, que generalmente separa a la pieza en dos partes iguales. Al buscar la razón de ello, surge la respuesta de que esas franjas en las que se interrumpe el diseño, son el testimonio de la imperfección del hombre y se hacen en todos los trabajos como una forma de tener siempre presente la diferencia entre la divinidad y la naturaleza humana ; al cotejar dos piezas realizadas por una misma artesana en dos períodos distintos, la brecha entre ambos trozos laboreados se va acortando a medida que la edad avanza, como un símbolo de la superación del individuo a medida que se acerca el fin de su vida.

El poncho, confeccionado en telar, abrigo y gala del criollo, es una representación auténtica y noble de la fusión entre el indígena y el criollo.  Quedaría mucho por decir sobre la riquísima simbología que estos tejidos encierran. Sirvan estas concisas referencias para reflexionar sobre la enorme riqueza que tenemos delante nuestro y para comprender que la transmisión de una generación a otra respetando colores y diseños que identifican a cada grupo en particular, no responde a una escasez de recursos o creatividad,   para diversificar los mismos, sino a razones sumamente trascendentes y profundas.

Autores: Alejandra Pasgal, María de los Angeles Garayalde, María de los Angeles Iglesias, Marina Naretto, Erica Cortaberría, Diego Baratta, Yanina Marcucci, María Eugenia Valfré, Yanina Segovia, Paulina Fernández y Yesica Guardia. Extracto de:`El telar mapuche : con los pies sobre la tierra`

Tejedora Mapuche

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